Linares Deportivo

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Fran Carles, pura raza y corazón

Carles celebrando el gol marcado al Castellón en la fase de ascenso a Segunda B el pasado verano.
Carles celebrando el gol marcado al Castellón en la fase de ascenso a Segunda B el pasado verano. / ENRIQUE
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  • Se va un estandarte, el espíritu del nuevo Linares, un jugador de los de antes, sólo su corazón era más grande que su talento

Entre tantos y tantos mensajes que ayer se lanzaron hacia la memoria de Carles, quizá haya uno que toca especialmente la fibra de la afición, el que instaba a Fran Carles a reunirse en el cielo con su padre y contar cómo enamoró a la hinchada azulilla con su fútbol y con su corazón.

Porque si algo era Fran Carles, era raza y corazón. Un futbolista de los de antes, de estirpe, de coraje, el 'todocampista' que le solíamos llamar, porque podía jugar de todo y en todas las áreas del fútbol daba lo máximo, dejaba su impronta y sus muestra de talento heredado a la vez de los genes de otro mítico, su padre Ignacio, que también nos dejó antes de lo que esperábamos.

Fran se crió a la sombra de su padre en lo futbolístico, canterano del CD Linares y uno de los jugadores más jóvenes de la historia en debutar con la camiseta del primer equipo. Lo hizo en Segunda B, siendo un adolescente. Buen regateador, jugador inteligente, pillo, manejo excelente de la pelota, buen cabeceador, recuperador de balones, potente disparo desde fuera del área, y valiente, siempre valiente para tirar del carro en los momentos en los que el equipo lo necesitaba. «Carles es el alma de este nuevo Linares», lo han dicho todos sus compañeros cientos de veces.

Porque él sabía que el apellido que llevaba tenía también impreso una gran responsabilidad, estar a la altura del recuerdo que dejó su padre, y vaya si lo ha conseguido. Los Carles, ya son leyenda del azulillismo.

Con la refundación del club, el todavía sub-23 Fran dejó claro desde el principio que si alguien debía tirar del carro, iba a ser él. Simarro y Torres lo pusieron de delantero en provinciales, y se aburrió de marcar goles de todos los colores, de cabeza, con la derecha, con la izquierda, de vaselina, en plancha. Se le quedaba muy pequeña la categoría y así lo demostraba semana tras semana. El niño delgadito y de melena rizada, fue transformándose en un hombre de mirada felina y espesa barba ante los ojos de su hinchada.

Con el salto a la competición autonómica, Torres fue retrasando su posición hacia el centro del campo. «Carles necesita ver el campo», comentaba. Y empezó a cuajar su carrera como mediocentro, haciendo de todo, y todo muy bien, en Andaluza y en Tercera División, su titularidad era indiscutible y su talento enamoraba. Aparecía desde cualquier posición, corría apretando los dientes, todo garra, impresionante el derroche físico que exhibía en los partidos.

Este año en Segunda División B le había costado un poco más hacerse a la categoría, y la competencia en el equipo estaba por las nubes con hasta 5 jugadores que podían actuar en la medular.

El pelotero linarense jugó 36 partidos, 29 de titular, un gol marcado en 2500 minutos jugados, seguía siendo una pieza clave en el equipo, aunque él sabía que todavía podía exigirse más y este año, al colgar las botas Chico, Carles iba a ser el primer capitán del Linares y quería que la nueva temporada fuera su temporada, estaba mentalizado, pero nadie esperaba este cruel giro del destino.

No, nadie está preparado para decirle adiós a alguien tan lleno de juventud, de ilusión y de vida, con tanta sed de triunfo, tanta hambre de fútbol, tanto amor por sus colores.

Porque Fran estaba preparado para ser el capitán, ejerció como tal desde que era niño, su presencia en el vestuario era la de un veterano. Había debutado en la primera plantilla en la temporada 2007/08, antes de la extinción del anterior club, y desde niño estaba predestinado a convertirse en el nuevo ídolo de Linarejos

Su gol clave y su humor

De todos los goles, quizá el más importante fue el que marcó el verano pasado ante el Castellón en Linarejos, en el fondo que este año será Grada de Animación y que bien podría llevar su nombre. En el partido de vuelta, Fran volvió a ser decisivo para el triunfo y el ascenso. Aquella tarde en Castalia capté una fotografía que abría la edición de este periódico. Carles con la bandera del Linares en el cuello, de espaldas, de cara a la grada que ocupaba la afición de Linares, con los dedos apuntando al cielo y dedicando el ascenso a su padre.

Y si Carles, el jugador, era grande, más grande era la persona. Su sentido del humor, siempre sonriente, siempre de broma, siempre conciliador, siempre dialogante, un joven rebosante de vida y que se ganaba el cariño de cuantas personas pasaban por su lado.

El carisma se tiene o no se tiene, y el joven linarense lo derrochaba, lo regalaba, lo compartía. Los directivos, los miembros del cuerpo técnico, sus compañeros, hasta el entrenador, nadie estaba a salvo de alguna de las bromas ocurrentes de Fran para sacarle una sonrisa a los que le rodeaban.

Cuando había un mal momento en el equipo, Carles fue siempre el valiente que se puso en primera línea de fuego para dar la cara, para tranquilizar, a la afición y al periodista que le entrevistaba sacándole una sonrisa. Porque él sabía que sólo su nombre en Linarejos ya enmudecía, aunque desde ahora será todo lo contrario, y cada minuto 8 de los partidos en el vetusto estadio de cemento, será el que recuerde con una ovación la memoria del que fue, es y será siempre, el 8 azulillo, el capitán, el niño que se hizo hombre y demostró estar a la altura de la leyenda que dejó su padre.

Carles deja una madre, un hermano, una novia, pero también deja a miles de linarenses con un vacío inconsolable en el corazón, aunque tú, amigo, siempre tendrás un lugar en el nuestro. Allá donde estés, sé que cada domingo vendrás a Linarejos y tu recuerdo nos llenará en parte de nuevo ese vacío que hoy duele en lo más profundo del pecho de cada azulillo.